Mi abuela siempre me contaba historias, historias de príncipes y campesinas, de amores no correspondidos
de dragones y brujas, de hadas escondidas bajo los pétalos de las flores, historias de un mundo imaginario, un mundo de magia y secretos, un mundo en el que tu nombre quedaba grabado en la piel de la tierra y pasabas a ser una leyenda otra historia que contar a pequeñas personas, los niños.
Dulce infancia, no sabes como te echo de menos, momentos en los
que un caramelo me hacía la persona más feliz del mundo
y disfrazarme de princesa me convertía
en la reina del infinto y más allá

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