6 de septiembre de 2011
APOHEA, CAPÍTULO I de mi historia
Cogí el primer bus que paso por la parada, con la idea de alejarme de todo eso, de escapar, despertar de esa pesadilla. Las monedas bailaban en mis manos mientras que el conductor mantenía su mirada fría y vacía sobre mis ojos, cogí el ticket y me dirigí hacia el final del bus. Un niño lloraba mientras que su madre desesperada hacía todo lo humano para poder calmarle, otro señor de unos 30 años, hablaba por teléfono, discutiendo, sobre alguna reunión de trabajo...El resto de los viajeros eran personas normales, entre 20 y 60 años cada uno esperando a llegar a sus casas, donde les esperaba su familia, pareja, donde tenían su vida... Me acomodé en mi asiento decidida a esperar y tal vez echar una pequeña cabezadita en mi largo viaje con destino desconocido. Pero entonces...entonces, algo, no sé muy bien el qué, llamó mi atención e hizo que sin ningún motivo mirase hacia delante, y ahí estaba. En los primeros asientos un señor había girado la cabeza y me miraba sin ninguna discrección, no le había visto antes, su mirada me atravesaba y llegaba a doler. Tendría unos 50 años y una vida entera marcada por las numerosas cicatrices de su cara, su ceño fruncido y esos ojos azules, fríos como el hielo, llegaban a imponer respeto, y me daba miedo. Una sonrisa comenzaba a asomar por la comisura de sus labios, pero su mirada seguía siendo la misma. Intenté mirar para otro lado, empecé a cantar a tararear una canción la primera que se me vino a la cabeza con la esperanza de que no me hiciese nada y que parase de mirarme. De repente se levantó y vino con paso decidido hacia mí, sin quitarme la mirada de encima.Intenté avisar al resto del bus pero nadie me oía, nadie me veía parecía que fuese invisible para todos, excepto para él.Llegó, se acercó y me susurró algo al oído, 3 palabras que me dejaron incrédula e hicieron que me callase para el resto de mi vida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario